El rey valiente
Érase una vez un rey que era muy
valiente y que gobernaba su reino con justicia, estaba casado con la reina que era encantadora.
Ambos tenían una hija tan buena como ellos, todos los habitantes del reino los
querían mucho porque a todos los ayudaba cuando tenían algún problema o
necesitaban cualquier cosa sin esperar recompensa alguna. Todos sus súbditos
trabajaban cada uno en su oficio, unos eran labradores y trabajaban en sus
tierras, otros eran zapateros, carpinteros y así cada uno de los habitantes
tenían su oficio y se ayudaban mutuamente entre ellos.
Pero un día, vino a su reino, una
mujer de aspecto raro, no era ni alta ni baja, su cabeza era grande y redonda y
su pelo era rubio tirando a castaño y su peinado era como si le hubieran puesto
un tazón en la cabeza y le hubieran recortado el resto de pelo que le colgaba,
su cara daba miedo pues parecía la de un fraile cabreado. Tenía mucho genio,
era egoísta y ambiciosa. Uno de esos días tan tranquilos, esta mujer tan
extraña llegó al palacio montada en un hermoso carruaje y cargada con una gran
cantidad de arcones de ropa llenos de
multitud de vestidos y joyas para decorarse en los bailes de palacio que el rey
acostumbraba a dar. Cuando se presentó ante el rey, le intentó poner su mejor
cara pero le costaba trabajo porque como era tan mala que no podía cambiar sus
gestos. Una vez que fue presentada y estuvo delante del trono real, le pidió al
rey que charlaran los dos solos sin la compañía de su esposa ni de ningún
consejero. El rey le dijo que no acostumbraba a hacerlo así pero si era su
gusto que por el no había ningún problema tan solo con la excepción de la reina
que siempre la acompañaba en todo. Esta mujer aceptó y el resto de consejeros
reales salieron.
Una vez solos, la mujer extraña,
le dijo al rey: Durante el viaje he observado que hay abundantes campos bien
labrados por campesinos y en la villa he visto que los habitantes trabajan y se
llevan muy bien entre ellos.
El rey le dijo: así es, todas las tierras son
trabajadas por los campesinos y todos los habitantes también son muy buenos y
trabajadores.
Entonces la mujer le dijo, pues
yo tengo una forma para que tu seas más rico, si me haces caso podrías ganar
mucho dinero de tus súbditos. La reina, dijo rápido, que ellos vivían bien así
y no necesitaban cambiar nada y el rey asintió diciendo que su mujer tenía
razón. La mujer extraña, se salió del palacio furiosa al ver que la reina le había contradicho.
Un día, esta mujer extraña,
volvió al palacio y pidió a la reina que le enseñara los alrededores del mismo
y la reina amablemente aceptó. Aprovechando esta excursión y en ayuda de otros
malhechores compinches de la mujer extraña, cogieron a la reina cuando iban las
dos por un camino solitario y la ataron y escondieron en una cueva solitaria en
una montaña próxima al palacio.
Entonces la mujer extraña, volvió
y contó al rey como observó que durante el paseo, la reina se reunió con dos
hombres que estaban en el río y se montó en una barca y se fue con ellos
diciendo que le dijese al rey que no la buscara que ya no volvería más.
El rey se puso muy triste y
viendo que había sido deseo de su mujer aceptó su decisión. Con el paso del
tiempo, la mujer extraña fue visitando cada vez más el palacio y aprovechando
para convencer al rey en sus planes de explotar a sus súbditos y pedirle el
dinero que obtenían de sus trabajos.
Esta mujer extraña, tenía un
poder que convencía al rey en todo lo
que ella quería con el fin de hacerse reina de todo el castillo. Un día, obligó
al rey a que se casara con ella viendo que la reina se había marchado y que la
princesita necesitaba una nueva mamá, el rey por su hija aceptó. La mujer
extraña, se convirtió en reina y fue la madrastra de la princesita a la cual
trataba con muy malos modos, le regañaba e insultaba sin que el rey lo
supiera.
Un día, que era la fiesta del
patrón de la villa, los habitantes subían al bosque como todos los años a
celebrarla. Todos llevaban comidas en sus cestos e instrumentos musicales para
cantar todos juntos. Como era época de invierno, hacía mucho frío, entonces
todas las personas hacían una excursión por el bosque para coger leña seca para
hacer un fuego y poder calentarse. Durante la excursión, una niña y su
hermanito se acercaron a coger unas ramitas a un lugar rocoso y escucharon una
voz que pedía ayuda, su mamá que también los acompañaba, se adentró al lugar
por donde procedía la voz y descubrió a la reina. Rápido una parte del pueblo,
le dio comida y prestaron sus ropas para evitar que no pasase frío y la
llevaron a palacio y la otra parte buscó y apresó a los malhechores que estaban
escondidos en unos matorrales al ver a la gente que los estaban buscando. El
rey sorprendido, mandó arrestar y mandar a las mazmorras del castillo a la
extraña mujer que le había embrujado y a los compinches de ella y él y su hija
la princesita abrazaron a la reina que aunque algo débil seguía siendo tan
dulce como lo era antes y volvió a jugar y a hacer mimos a la princesita y a
acompañar al rey en su palacio. Y
vivieron felices y contentos.